Bienvenidos a Él es agua viva

Este blog nace del deseo de compartir la belleza, la verdad y la esperanza que encontramos en la Palabra de Dios. Aquí encontrarás devocionales, enseñanzas y reflexiones que buscan animar el camino recordarnos que Dios sigue hablando a través de las Escrituras.

Bienvenido a este rincón de fe y luz.

 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Isaias 55:9

 

 

Conoce nuestros mensajes

Es el deseo de mi corazón compartir la Palabra de Dios de una manera sencilla y cercana. Quiero animarte a que caminemos con Él, recordarte que Su amor nos sostiene, y que Su verdad ilumina incluso los días más difíciles.

Creo que Dios nos llama a edificarnos unos a otros y a crecer juntos, como enseña Efesios 4:12. a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.  Por eso escribo: para que me acompañes, y así crecer juntos entendiendo mejor las Escrituras y para que, a través de ellas, tu corazón y el mío encuentren paz, dirección y esperanza.

Mi oración es que cada lectura te acerque un poco más al Señor y que este espacio sea un lugar donde podamos respirar Su Palabra, detenernos y escuchar Su maravillosa voz.


Crisis de La Verdad

Hay un mandamiento en la Biblia que se rompe una y otra vez, mil veces más, y en todo momento: “La Mentira.”

Éxodo 20:16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

Cuando la Palabra de Dios dice “No darás falso testimonio”, quiere decir que no mentirás de ninguna manera: ni mentirillas, ni mentiras piadosas (que son la gran mentira), ni por justificación como acto necesario para conseguir un fin.

Hay mentiras en la Biblia que fueron permitidas por Dios, como por ejemplo cuando David se hizo pasar por loco delante del rey Aquis para que no lo mataran (1 Samuel 21:10). Pero no por eso Dios lo felicitó; esos son pecados de la carne, de nuestra naturaleza. No es permiso de Dios.

Sin embargo, hay mentiras que van más allá, y son las que mencionaré aquí: las mentiras en los tiempos de la tecnología, o si prefieres, la mentira en tiempos mediáticos.

Estamos saturados de información. No importa el tipo: hay de todo lo que la gente quiera saber. Hemos abandonado los libros y tomamos el control de lo que queremos que sea “verdad.” Pasamos por encima de las enseñanzas de nuestros antepasados, de nuestras abuelas y de la educación que recibimos hace algún tiempo en las escuelas. Ahora los libros de texto se analizan para ver si han sido verídicos o no; y según la visión de quien los analice, la información es veraz o falsa.

Aunque en la Biblia (Éxodo 20) este mandamiento fue escrito para proteger a las personas en un ambiente cotidiano —acusadas con algún falso testimonio o en un tribunal—, Dios lo coloca como ticket de entrada al Reino, como está escrito en Apocalipsis 21:8: "Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda."

Las redes sociales están invadidas de desinformación. Lo que comenzó como una herramienta útil se ha convertido en una herramienta de envenenamiento. Nadie está fuera de esta crisis. La Palabra de Dios nos advierte en 2 Timoteo 3 que vendrán calumniadores, aborrecedores de lo bueno, blasfemos, y estos nunca llegarán al conocimiento de la verdad.

Seremos engañados. Somos lo que consumimos. Estos tiempos están dados para descontextualizar la verdad, creando imágenes copiadas y adulteradas para lograr más audiencia sin temor alguno. Nunca fue el propósito informar la verdad, porque incluso hay pastores que se dedican a “profetizar” (que por cierto, ya no hay profetas; el último fue el Señor Jesucristo), y el fin de estos es blasfemar con la Palabra de Dios para monetizar su información.

¿Cuándo me convierto en cómplice? Cuando veo algún mensaje y lo divulgo, haciendo tropezar al que no sabe. Allí nos convertimos en piedra de tropiezo para el ciego, y eso también está condenado por Dios (1 Corintios 10:32).

 

Reflexión

Hazte portador de la verdad. Verifica hasta qué punto la información que recibes es verídica, si tiene bases y si está bien fundamentada. No copies ni compartas ningún artículo de procedencia dudosa o si desconoces el tema. Más bien, busca y descarta lo que es mentira. No te conviertas en cómplice de la maldad, porque lo único que ganarás es que tus seguidores, junto contigo, tendrán un lugar en el infierno.

Y a los que se dedican a promover la Palabra de Dios: usa la Biblia. Asegúrate de tener una Biblia escrita con base en textos originales, como Reina-Valera 1960. Aunque muchos no lo crean, hay versiones que son piedra de tropiezo, como la NVI, que en vez de usar textos originales, parafrasea los textos para que la gente los entienda más fácilmente. Hago una pregunta: ¿acaso Dios no dejó escrito que Su Palabra es para entendimiento de los simples? (Simples = niños). El único Maestro con título de Maestro fue el Señor Jesucristo. Si Él no lo dijo, entonces no lo creas. Lee la Biblia, busca, escudriña y ora por sabiduría:

Santiago 1:5 Si alguno de ustedes requiere de sabiduría, pídasela a Dios, y Él se la dará, pues Dios se la da a todos en abundancia y sin hacer ningún reproche.

Es mi oración que  Dios te santifique en Su verdad, Su Palabra es verdad.

 

 

 

 


Palabras necias

Desde algún tiempo me he estado dando cuenta de que ha aumentado la facilidad de decir palabras necias, obscenas, mentirosas y también blasfemas y ofensivas. Muchos las dicen incluso a sus propios familiares y amigos a manera de juego, y tristemente también dentro de la iglesia, de personas que “se llaman a sí mismas cristianas o creyentes”.

Palabras mentirosas

¿Quién fue el autor de la primera mentira? Satanás, estando en el Edén. Génesis 3:4: Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis.

No existen mentiras piadosas; eso es una blasfemia. Es reducir a Dios a que sea como nosotros. Es decirle: “No es tan malo, Dios, decir mentiras.”  Cuando mentimos hacemos las obras de Satanás y nos parecemos a él. Minimizamos el mandamiento, todos los pecados son iguales delante de Dios.

Palabras necias

La Biblia dice que el necio no tiene conocimiento; le da igual una cosa que la otra, niega a Dios y se pone delante de Él como autoridad. Rechaza los consejos y acepta su propia opinión como sabia decisión.

Proverbios 12:15–20: 15 El camino del necio es derecho en su opinión; Mas el que obedece al consejo es sabio. 16 El necio al punto da a conocer su ira; Mas el que no hace caso de la injuria es prudente. 17 El que habla verdad declara justicia; Mas el testigo mentiroso, engaño. 18 Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina. 19 El labio veraz permanecerá para siempre; Mas la lengua mentirosa solo por un momento. 20 Engaño hay en el corazón de los que piensan el mal.

Palabras blasfemas, maldicientes, groseras y ofensivas

Cuida tu boca, porque las palabras tienen poder, y sí que lo tienen. Cuando insultamos u ofendemos en medio de nuestra ira o enojo, estamos cerrando la puerta de las bendiciones, para nosotros y para quien ofendemos.

Tampoco debemos usar palabras ofensivas para dirigirnos a un amigo en forma de juego, o por costumbres culturales: “porque en mi país tal y cual se dice así.”

La Palabra de Dios es clara: Cuida lo que sale de tu boca.

Efesios 4:29: Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Tremendo mandamiento.

Hablar a alguien de esta manera es como matar a alguien; la Biblia lo coloca al mismo nivel. Matamos con las manos y matamos con las palabras, con nuestros pensamientos y deseos. Cerramos la puerta de los cielos para esa persona a quien insultamos.

Y algo muy importante: fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios. Entonces, ¿a quién ofendemos cuando de nuestra boca salen palabras de maldición, de engaño, mentirosas?

Proverbios 18:21: La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos.

Dios ve todo, y se llena de ira cuando escucha nuestra boca, peor aún cuando las palabras van dirigidas a uno de sus hijos, al cual Él envió a llevar paz y ser su emisario portador de Su Palabra.

Proverbios 21:23: El que cuida su boca y su lengua se libra de muchos problemas. Al que es burlón y soberbio también se le llama insolente.

Lo que sale de la boca revela el corazón

No toda contaminación viene de afuera; viene de lo que guardamos en nuestro corazón. Cuando una persona no sabe callar y se deja llevar por el impulso de sus emociones, sale de su boca lo que guarda su corazón. No insultes, no ofendas, no maldigas.

Nuestra boca dice quiénes somos; no es lo que vemos en las personas, es lo que tenemos por dentro.  Dice Santiago 3:10 De una misma boca proceden bendición y maldición.

Lucas 6:45: El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Reflexión: Ora al  amanecer a Dios para que sane tu corazón, pídele que refrene tu lengua y te de palabras de edificación, que seas un ejemplo de instrucción, bondad y amor cada dia. Pídele dominio propio para que no hable el mal que hay en ti, sino el bien que Dios ha puesto en ti. Repite el Salmo 71:8  Sea llena mi boca de tu alabanza, De tu gloria todo el día.

 


ME PERSIGA TU PAZ

Salmo 56 - En el día que temo, Yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?

Reflexión: haz esta adoración individual.

No hay nada más placentero para nuestro espíritu y nuestra alma, que alabar y adorar a Dios. Sea nuestra adoración para Su gloria y exaltación de Su Nombre.

Oh, Padre, grande y poderoso, Tú que estás en los cielos , pero tu Espíritu habita en mí, Tu que te acuerdas de mi,  que me amas y me has amado, que me has dado tu gracia y tus bendiciones, Tú que has cambiado mi corazón y has guiado mis paso de día y en la oscuridad.

Grande es tu nombre en toda la tierra, grande es tu poder en el cielo.

Oh, Señor del universo, que tu misericordia va más allá del infinito, descanse mi alma en ti.

Tenga yo paz en mis días, y en mis noches tu Espíritu me haga reposar en tu paz.

Hable mi boca con sabiduría divina tu Palabra, que mi corazón se rebose en gozo cuando esté en tu presencia para adorarte.

Que camine yo confiado porque Tú, Oh gran Dios del universo, eres mi guía.

Que nunca me falte nada que provenga de Ti. Llena mi alma de tu alabanza y me incline por la eternidad para amarte y adorarte.

A TI SEA LA GLORIA

Amen.

HINENI - הִנֵּנִי "Heme aquí"

1 Samuel 3:4 “Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí.”

Reflexión: “Heme aquí, Señor”. Esta frase ha rondado mi mente desde hace mucho tiempo. Podríamos pensar que es una invitación, pero en realidad es mucho más que eso: es una puerta abierta. Es caminar hacia Aquel que nos llama, es disponerse a seguir el camino que Él ha trazado. Es la actitud del corazón que decide avanzar, obedecer y actuar conforme a la voluntad de Dios. La puerta está abierta, el corazón está dispuesto; es la necesidad imperante de hacer Su voluntad, y esto debe gobernar nuestra mente y nuestro espíritu.

“Heme aquí” no es una frase común. No es una expresión ligera ni una invitación minimizada. Es una declaración de entrega, de compromiso, de afinidad con nuestro Señor. Abraham estuvo dispuesto a seguir la voluntad divina sin preguntar, sin indagar, sin exigir explicaciones. Se ofreció a Dios aun sin conocer el camino que debía recorrer.

El pequeño Samuel también lo entendió cuando el sacerdote Elí le reveló quién era el que lo llamaba. Entonces respondió: “Heme aquí… Habla, Señor, porque tu siervo oye.” (1 Samuel 3)

Decir “Heme aquí” es una entrega incondicional. Es escuchar, obedecer y seguir, incluso cuando no comprendemos el camino. Es completar el llamado a la obediencia cuando Dios declara: “Así ha dicho el Señor.” Sus mandatos son para bien, y en ellos no hay mal. Los profetas escucharon, entendieron y obedecieron la voz de ese gran Pastor que los llamaba.

¿Cuántas veces el Señor ha pronunciado tu nombre en la noche? ¿Te has despertado y has respondido: “Heme aquí, Señor”? Sus planes son eternos.

Porque Él mismo lo ha dicho:

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré.” Jeremías 29:11–12

Oración: Padre Eterno, heme aquí, marca los pasos por donde debo andar, hágase conmigo según sea tu voluntad

 

 


Sepa yo cuan frágil soy

Salmos 38:  Pero yo estoy a punto de caer, Y mi dolor está delante de mí continuamente. Por tanto, confesaré mi maldad, Y me contristaré por mi pecado.

Reflexión: Los Salmos 38 y 39 están escritos como penitencia. En ellos vemos a David, el mismo hombre fuerte que derribó a Goliat con una honda y una piedra, ahora derrotado, sumido en su dolor, sintiendo que su vida es nada. No tiene ni el valor ni la fortaleza de levantarse. Dios ha permanecido en silencio.

Sea cual fuere la situación que hizo que David llegara hasta este punto, allí reconoce quién es sin Dios. Reconoce la Autoridad Divina, el Poder Supremo. Y desde su angustia se dispara un clamor para pedir misericordia: “Jehová, no me reprendas en tu furor, ni me castigues en tu ira. Porque tus flechas cayeron sobre mí.”

Todos hemos pasado por momentos así. Situaciones que, aun después de entregarle nuestra vida a Dios, nos han llevado a cometer errores que nos hacen sentir como se sintió David. Él mismo dijo en el Salmo 38:13-14: Mas yo, como si fuera sordo, no oigo; y soy como mudo que no abre la boca… en cuya boca no hay reprensiones.

Pedro también cayó. Negó al Señor Jesucristo no una, sino tres veces; y derribado por el dolor de su traición, no emitió palabra, solo lloró desconsoladamente. David confesó en el Salmo 38:8: “Gimo a causa de la conmoción de mi corazón.” 

 “Sepa yo cuán frágil soy.”

Esa es la verdad que estos salmos nos recuerdan: Sabemos que estamos vacíos cuando no tenemos a Dios. Sin Él, somos personas perversas. El mundo está en constante ataque para derribarnos. Pero si caemos, nuestro Dios está allí para levantarnos, corregirnos y disciplinarnos para que no volvamos a fallarle.

Estos salmos son un espejo de nuestra condición humana, de nuestra caída, y a la vez un recordatorio glorioso de que tenemos un Salvador, un Restaurador, que dio Su vida para que nosotros fuésemos salvos.

Oración: ABBA, reconozco mi condición, Dios Altísimo, sostenme y guíame por tus caminos de justicia, hazme entender y aprenderé que no hay otro Dios como Tú. No me desampares, Oh Señor mío, mi salvación.

 


Metanoia y Metamorphosis   

Romanos 12:1-2 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Reflexión: Hay dos palabras en La Biblia que se podrían decir que  van juntas, una es transformaos y la otra renovación

Cuando el mal y el pecado entraron en el hombre por medio de la desobediencia de Adam y Eva, se corrompió toda la creación, dejo de ser pura, como fue el plan original de Dios. Comportamiento, pensamientos, acciones, palabras, en fin, todo sufrió una ruptura y un cambio desastroso que hemos estado cargando en nuestros hombros sin que podamos tan siquiera notarlo. Lamentablemente el hombre perdió la capacidad de renovarse a sí mismo, de sanarse a sí mismo, de discernir y de conocerse a sí mismo.

Daniel 9, lo expresa correctamente: hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas.

Metamorfosis, es nuestra transformación completa, es como el cambio de una oruga a mariposa, una transformación de cuerpo. Dejar de hacer y comportarse como se comporta el mundo. Pero no podemos llegar a esa metamorfosis hasta que no hayamos comprendido bien, hasta que no hayamos sido renovados en nuestro entendimiento, o sea, hasta que no hayamos sufrido el proceso de la Metanoia. Yeshua, el Señor, se lo explico a Nicodemo en Juan 3:5, el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.  Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

Metanoia es, cuando finalmente comprendemos que la Palabra de Dios es Verdad, y que debemos aplicarla para poder ser renovados, transformados. Que hemos vivido engañados siguiendo las corrientes falsas de este mundo que nos han estado llevando a vivir un espejismo que nos conduce más bien a la desesperanza y la desaparición.

Metanoia es, decir con tu boca, Señor heme aquí, transfórmame con el poder de tu Palabra, reconocer que Dios fue quien nos hizo y no nosotros a nosotros mismos, que nuestra mente se transforme de tal manera que podamos ver el Reino de Dios, que podamos vernos transformados y ser como Él nos hizo originalmente, y esto es aun mayor, va más allá.

Oración: El-Shaddai — Dios Todopoderoso, Tu, que hiciste todas las cosas para que fueran perfectas, crea en mi un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí, para que pueda ver perfecta y agradable tu voluntad.

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Bajo la sombra del Omnipotente

Salmos 91:1 — El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente.

Reflexión: esto es una declaración de confianza y una invitación a descansar en la presencia de Dios. Hay una línea entre el Salmo 90 y el 91, cuando los leemos juntos descubrimos un mensaje poderoso que ha cruzado generaciones. Dios ha prometido ser refugio para Su pueblo, refugio a todo aquel que le ama.

En estas palabras está escrito nuestro caminar en esta vida y también la esperanza de nuestro destino final: el Reino de Dios. El salmista reconoce a Dios como su esperanza y su castillo, y nos recuerda que, aunque atravesemos valles de sombra, nuestra fe y nuestra confianza no deben menguar. Nuestro Eloha permanece.

¿Cómo fortalecemos esa confianza? ¿Cómo hablamos a nuestra alma cuando flaquea?
Los versículos 9 y 10 nos dan la respuesta: "Porque has puesto a Jehová, que es la esperanza, Al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada". 
Dios promete Su protección a quienes hacen de Él su morada. No se trata solo de creer en Dios, sino de habitar en Él, de caminar cada día bajo Su sombra, de elegir Sus promesas por encima del ruido del mundo. Y cuando permanecemos así —mirando a Dios, no al temor— Él nos revela algo glorioso escrito en los versículos 14 al 16, es Su declaración de amor: "Por cuanto en Mí ha puesto su amor, Yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi Nombre.  Me invocará, y Yo le responderé; Con él estaré Yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré.  Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación".

Oración: Elyon- Padre Altísimo, gracias por el amor que has puesto en mi corazón que me permiten ver tus promesas eternas y saber que camino y permanezco bajo tu protección, bajo tu sombra.

 

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Ahora mis ojos te ven

Job 42:5 — De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven.

Reflexión: ¿Qué le dirías al Señor Jesucristo si tuvieras la oportunidad de verlo cara a cara?

"Proskynesis" … es el acto de postrarse.

Muchos han especulado sobre esta pregunta. La realidad es que, si nos encontráramos frente a frente con el Señor Jesucristo, caeríamos al suelo en total reverencia, tal como lo hizo Juan al postrarse a Sus pies en el Apocalipsis, o como Isaías, quien exclamó: ¡Ay de mí, que soy muerto! También los soldados romanos cayeron en el Getsemaní cuando Jesús se les reveló como el "YO SOY". Y así, muchos otros se postraron cuando estuvieron ante Él.

Si lo viéramos cara a cara, ya no estaríamos en este cuerpo ni en este mundo; estaríamos en Su presencia, incapaces, postrados y sin poder articular palabra. Las oportunidades para expresar algo se habrían desvanecido. No sería solo una visión, sino una revelación profunda. Postrarse ante el Señor es un acto de adoración.

             Salmo 95 — Venid, aclamemos alegremente a Jehová; Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza.

Oración: Señor, gracias porque podemos adorarte en el espíritu, guíanos hacia tu presencia en jubilo y alabanza.

 

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Un amor inagotable

Jeremias 31:3 — Con amor eterno te he amado: por tanto, te prolongue mi misericordia.

Reflexión: Cuando leemos la Biblia, algo precioso sucede: sentimos que Dios nos habla de manera directa y personal. Estas palabras en Jeremías fueron dirigidas a un pueblo cautivo, un pueblo que había sido rebelde y había dejado de lado la obediencia a Dios. Aun así, en medio de su condición, Dios les recordó la inmensidad de Su amor y la profundidad de Su misericordia.

Y aunque este mensaje fue pronunciado para Israel, también lo recibimos nosotros, porque somos parte de Su pueblo. Así como Dios rescató a Israel de la oscuridad, también nos ha rescatado a nosotros y ha extendido Su misericordia sobre nuestras vidas.

Por eso, este texto debemos leerlo en singular, con una mentalidad de Reino: Dios te ha amado con amor eterno. Dios ha prolongado Su misericordia sobre ti.

¿Y qué es tener una mentalidad de Reino, sino contemplar la grandeza y la infinitud de quién es Él? Cuando miramos este versículo desde esa perspectiva, deja de ser solo un mensaje antiguo y se convierte en un regalo eterno.

Oración: Señor, habla a mi corazón e instrúyeme en todos mis caminos, para que pueda yo reconocer todos los regalos de tu verdad.

 

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Dios está presente 

Salmos 46:1 — “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.”

Reflexión: A veces buscamos a Dios en lo espectacular, pero Él suele revelarse en lo sencillo: una conversación que llega en el momento justo, un rayo de luz que aparece de la nada, un instante de calma que no esperábamos. Su presencia no depende de lo que sentimos; es una verdad que permanece, firme y cercana. Cuando recuerdas esto, incluso los días más pesados se vuelven más livianos, porque sabes que Él camina contigo, aun en lo ordinario.

Oración: Señor, abre mis ojos para reconocer tu presencia hoy, incluso en lo pequeño.

 

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Mi alma te bendice

Salmos 104:1 — "Bendice, alma mia a Jehova. Jehova Dios mío, mucho te has engrandecido; Te has vestido de gloria y de magnificencia."

 

Reflexión: Recientemente, los astronautas compartieron una impresionante fotografía de la Tierra desde el espacio. Sin duda, nuestro planeta es un lugar hermoso, no solo en su exterior, sino también en su interior, donde se manifiesta una belleza aún más profunda. Dios nos ha brindado lo más hermoso, como se menciona en Génesis 1:10: "Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno."

La belleza que observamos en la naturaleza y la forma en que Dios organizó las leyes de la gravedad para mantener todo en su lugar, todo esto tiene un solo nombre: la gloria de Dios manifestada. Como está escrito en Isaías 6:3: "Toda la tierra está llena de su gloria."

Oración: Gracias, Señor, por tu gloria. Abre mis ojos para que pueda ver las maravillas de tu ley.

 

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Él conoce tu camino

Jeremías 29:11— Porque Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.

Reflexión: Dios no improvisa con tu vida. Aunque tus ojos no alcancen a ver el panorama completo, los Suyos sí. Sus planes no siempre coinciden con los tuyos, pero siempre están orientados a tu bien. Cuando intentamos descifrar cada día lo que Él hará y nos entregamos a la especulación, corremos el riesgo de colocarnos por encima de Su autoridad y de Su voluntad. A veces nuestro día a día pesa, pero en medio de todo, Dios nos susurra a través del Salmo 46:10: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”. Es un llamado a descansar, a confiar y a rendir el control en Sus manos. Confiar en Él es descansar en que no estás caminando a ciegas.

Oración: Padre, ayúdame a confiar en tus planes más que en mis expectativas, enséñame a descansar en Ti.

Fortaleza en la debilidad

2 Corintios 12:9— Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

Reflexión: Muchas veces vivimos midiendo nuestra fortaleza y nuestro dominio propio, como si necesitáramos levantar una armadura o ponernos una máscara para enfrentar el mundo. Y es cierto: al mundo le encantan las apariencias… pero a Dios no. Él no se mueve en lo superficial ni en lo oculto. Cuando Él entra en nuestra vida, derriba la falsedad, rompe los disfraces y deja que Su luz penetre hasta lo más profundo, para que nunca más tengamos que caminar escondidos, bajando la cabeza y ocultándonos en nuestros temores. En Su presencia, la verdad libera y la autenticidad se vuelve un refugio.

Dios no te pide perfección; te pide entrega. Su poder se perfecciona cuando reconoces tus límites. La gracia no es un premio para los fuertes, sino un regalo para los que admiten que necesitan ayuda.

Oración: Señor, que tu gracia sea mi fuerza hoy, derribe toda mascara y derrumbe todas las murallas para que entre tu luz a mi vida.

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"Los artículos en esta página realmente han sido escritos y profundizado mi comprensión de la fe y me han brindado la inspiración tan necesaria en mi vida diaria."

Lecy Villaparedes

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