Beit – casa, recinto Hesed – misericordia, amor
Bethesda = Casa de misericordia
Juan 5:5-8 Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.
¿Alguna vez te has preguntado el significado de este pasaje y por qué el Señor Jesus miró a este hombre? Aqui tenemos una enseñanza magnífica que Jesús nos dejó para ser descifrada.
En el nombre del estanque podemos encontrar la respuesta de quién es Jesús; aquí Juan nos revela Su corazón: Jesús es casa de misericordia, es la encarnación de la misericordia de Dios.
En esos tiempos, el estanque de Bethesda era un lugar de rituales y purificación, un sitio donde se mezclaban creencias judías y supersticiones. Los enfermos creían que un ángel llegaba, agitaba el agua y el primero que llegase recibía el beneficio de la sanación. Solo por privilegios, el que llegase primero, el más fortalecido; si de verdad llegaba el ángel, ¿por qué, entonces, sanaba solo a uno o a ninguno? No había misericordia, todo era religiosidad, idolatría, no había esperanza.
Aquí vemos la impotencia humana, una fe que está puesta en lo superficial, basada en señales ficticias, en imágenes, una fe que no cambia el corazón.
Jesús solo se dirigió al hombre paralítico, que tenía 38 años de incapacidad. ¿Te has preguntado por qué? Cuando buscamos más adentro en las Escrituras podemos ver con más claridad.
ISRAEL HOMBRE PARALÍTICO
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Israel vagó por 38 años en el desierto 1. 38 años de impotencia (Deuteronomio 2:14)
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Sin fe – estancamiento 2. Incredulidad
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Desobediencia 3. Parálisis espiritual
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Esperanza puesta en sí mismos 4. Idolatría – supersticiones (ángel, agua)
Este estanque representa el agua estancada, fe muerta, no es fuente de agua viva, fe verdadera.
Movido por su misericordia:
Jesús hizo tres cosas interesantes aquí:
a) Lo vio (Juan 5:6)
b) Le preguntó
c) Lo sanó (Juan 5:8)
Jesús vio su cansancio… Israel también fue visto en su cansancio
Así como Jesús vio al paralítico agotado por 38 años de espera, también Dios vio a Israel desgastado por 38 años de vagar en el desierto. En ambos casos, el cansancio no era solo físico: era cansancio espiritual, fruto de una fe debilitada, sin esperanza y sin dirección.
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Paralítico: 38 años sin moverse, atrapado en una fe muerta.
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Israel: 38 años sin avanzar, atrapado en incredulidad y desobediencia.
Ambos estaban vagando en el tiempo, sin fruto, sin progreso y sin esperanza, nosotros los humanos siempre ponemos la mira en nosotros mismos.
Una fe muerta
"Si el agua se mueve... Si alguien me lleva al agua.... si el ángel baja"
La respuesta que revela el corazón
“No tengo quien me meta en el estanque.” El hombre esperaba que alguien tuviera misericordia de él y lo llevara al agua, tan solo la desesperación por cambiar su vida, si alguien sentía piedad por su incapacidad.
Israel esperaba lo mismo
"Si Dios hace algo... si vemos algo.... sí tenemos pan..."
Los dos vivían de la superficialidad y de lo ficticio, no de la Palabra de Dios
Jesús nos ofrece misericordia: En el Salmo 40 está escrito:
“Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso.”
Cuando nos mira la misericordia es mejor no dejarla pasar. Cuando Jesús nos mira y nos habla, quiere decir que ha puesto sus ojos en nosotros, quiere cambiarnos. La misericordia de Dios no se mueve en las aguas, ni en las apariciones de imágenes, ni en lo superficial; aparece delante de nosotros y nos pregunta: ¿Quieres ser sanado?
Nuestra sanidad física es buena e importante, pero la sanidad espiritual es esencial. Si no somos sanados espiritualmente, seguimos viendo imágenes, acciones carnales que no nos llevan a nada, seguimos viviendo paralizados.
Salmos 118:8 Mejor es confiar en el Señor, Que confiar en el hombre.
Conclusión y enseñanza
• No pongas tu esperanza en sistemas humanos.
• No esperes que “algo se mueva”; espera que Jesús hable.
• No digas “no tengo quien me ayude”; di “tengo a Cristo”.
• No vivas paralizado por tu pasado; levántate por Su Palabra.
• No lleves cargas del pasado; toma autoridad sobre ello.
• No vuelvas al pecado que te paralizaba; camina en santidad.
Lecy Villaparedes
al servicio y la voluntad de mi Señor.
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