
El Señor ha consolado
Nehemias como el Lider y Consolador.
"Tu pueblo está desnudo, en vergüenza; han derribado los muros y las paredes de protección, y sus puertas han sido quemadas."
Esto fue lo que escuchó Nehemías de su hermano Hanani, cuando le avisaron que los muros del templo de Jerusalén habían sido derribados.
Nehemías 1: El remanente, los que quedaron de la cautividad allí en la provincia, están en gran mal y afrenta; y el muro de Jerusalén, derribado, y sus puertas, quemadas a fuego.
Nechemyah (Nehemías): “Dios consuela”. Esto es lo que significa el nombre de Nehemías.
Nehemías era un hombre importante; tenía el cargo más grande y peligroso de su época: era el copero del rey Artajerjes de Susa (hijo del rey Asuero‑Jerjes).
El libro de Nehemías nos habla de un liderazgo y una fortaleza inspirada por Dios, un hombre llamado a cumplir Su voluntad. Aquí mismo vemos una analogía entre Nehemías y el Señor Jesucristo.
Qué desconsuelo y dolor tan grande sintió Nehemías al enterarse de esta situación. Dice la Palabra que lloró desconsolado y se sentó haciendo ayuno y oración delante de Dios.
El texto nos muestra una semblanza de Cristo. El Señor Jesús también lloró por Jerusalem, intercedió al Padre por nosotros y nos dejó Su Espíritu Santo como consolador, protección y guía restauradora.
Nehemías, al ir a Jerusalén para ayudar a levantar los muros, también llevó consuelo. Habló a su pueblo para que no lloraran, sino que estuvieran en gozo, aunque amenazados por los enemigos del pueblo. El enemigo, siempre se opone las cosas de Dios, pone obstáculos, siembra dudas, crea conflictos y habla falsedad, intenta destruir todo con su afán de prevalecer, así como Sambalat se levantó contra Nehemías, el enemigo espiritual se levanta contra todo creyente que intenta reconstruir su vida en Cristo.
Una realidad espiritual vulnerable y sin defensa, así estábamos sin Dios. Teníamos nuestros muros destruidos. No había puertas que impidieran que el mal entrara y saliera sin ningún permiso. Vivíamos en desesperación y angustia, derribados y en vergüenza, sin identidad.
En la Biblia, la expresión “en vergüenza” representa nuestra desnudez espiritual; es decir, estar sin protección. Nehemías, cuyo nombre significa “el consolador”, recuperó los Libros, volvió a leer los estatutos de Dios y guió al pueblo a creer nuevamente, a tener confianza y fe. Así, el pueblo recibió consuelo y esperanza, quedó protegido por la Palabra de Dios y comenzó a caminar bajo Su sombra.
Cuando el Señor Jesucristo nos rescata, ve nuestra desnudez, nuestro dolor y desamparo, y recibimos consolación. El Señor Jesucristo llega a nuestra vida a levantar muros de protección, a reconstruir nuestro corazón, a proteger nuestra alma. Él trae Palabra de Vida Eterna para que permanezcamos firmes, restaura nuestras puertas para que el enemigo no entre nunca más, y escribe Su ley en nuestros corazones como sello de identificación. Él paga por nuestro rescate y nos deja Su Espíritu Santo como Consolador, para que nunca más sea derribado nuestro templo.
Reflexión:
Desde el comienzo, en Génesis 1, vemos a Cristo como Salvador y Redentor; negarlo es negar a Dios. El Señor, aparece en toda la Biblia, y Su obra —nosotros y la restauración de todas las cosas— está explicada en cada uno de los libros de Su Palabra.
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Nehemías llora por Jerusalén → Jesús llora por Jerusalén.
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Nehemías intercede por su pueblo → Jesús intercede por nosotros.
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Nehemías trae consuelo y dirección → Jesús envía al Espíritu Santo como Consolador.
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Nehemías reconstruye muros físicos → Jesús reconstruye muros espirituales.
El liderazgo de Nehemías es un anticipo del liderazgo redentor de Cristo. La restauración comienza cuando el ser humano llega a Cristo en lloro, humildad y desnudez espiritual. Allí, Jesús reconstruye, restaura y levanta lo que estaba destruido.
Lecy Villaparedes
al servicio y la voluntad de mi Señor.
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